sábado, 27 de septiembre de 2008

point reyes

El domingo me monté una pequeña excursión hacia la costa. Exactamente hacia Point Reyes.
Tenía por delante 130 km que recorrí bastante más animada de lo que me esperaba. No tenía ninguna prisa, ni tampoco ningún plan concreto. Sólo la música, el agua, la cámara, los prismáticos, y la tarjeta de débito. Llegué a Point Reyes Station, algo así como un pueblito donde comprar souvenirs y comida y donde comprobé que mucha gente se lleva sus bicis hasta allí para pasear por la zona. Fui dejando atrás curvas y más curvas, bosque y colinas, hasta llegar a las zonas de pastoreo, de camino hacia el faro. Es una pena porque el día estaba brumoso y no se apreciaba el horizonte según miraba hacia el pacífico, ni tampoco las dimensiones de la playa sur. Ni tampoco se vieron ballenas, ni tiburones. Por lo visto la semana pasada se pudo ver algo. Sin embargo pude ver y escuchar a los leones marinos retozar en pequeños islotes. También pude ver diferentes tipos de cormoranes, grandotes, no como los que vi en Francia, gaviones y muchos pelícanos. Bajé hasta el faro y comprobé por enésima vez lo alarmistas que son estos yankis (coñazo de gente con el tema de las precauciones... que si tienes problemas de corazón no bajes porque luego hay que subir... coñazo, sí). Jajaja, luego subí sudando y con tembleque en las piernicas... En fin.

Total que me zampé un pedasso de bocadillo de salami y ensalada en una zona protegida del viento, hablé con algunos americanos que se asomaban pero que no veían nada de nada y a quienes les presté mis prismáticos. Luego conduje hasta la playa de Drakes Bay y me di una vuelta larga. Y luego, pues decidí volver hasta Davis atravesando la Bahía, es decir: cruzando el Golden Gate y San Francisco. Buena idea. Muy buena. No sé qué coños pintaban Esclarecidos en mi mp3 pero sonaban de vicio.
Si vas de Point Reyes hacia el sur tienes que tomar la 1 y después la 101 (la famosa carretera de la costa). Por cierto, que las carreteras en USA son pares si van de este a oeste, e impares si van de norte a sur. Está bien para no confundirse, porque es fácil, muuuy fácil confundirse.
El tramo hasta llegar al Golden Gate es una maravilla. Curvas y curvas en lo alto y a la derecha una preciosa caída al mar. Cuando llegué al Golden Gate ya era de noche y me sentí orgullosa de poder cruzarlo en mi coche un domingo como ése. La última vez que había estado en este puente fue durante un viaje que hice con Horacio a San Francisco, a mi primer congreso internacional de Neurociencia Cognitiva, en el 2002. Fuimos caminando desde el lado sur pero no llegamos a cruzarlo porque hacía frío y viento. Aquel día, Horacio se había quedado atrás y yo seguí caminando hasta que un tipo que estaba haciéndose fotos con la novia me pidió que les hiciera unas cuantas fotos, seguidas, una tras otra, que no dejara de disparar mientras posaban. Me lo dijo en inglés. Noté que era mexicano y me lo volvió a decir en español. Me dejó la cámara y se dirigió hacia su novia y entonces les hice una foto, y luego otra, y otra, mientras él se arrodillaba y le decía algo (supongo que la estaba pidiendo en matrimonio, claro), y luego sacó algo del bolsillo (imagino que un anillo) y se lo ofreció. Y yo venga a hacer fotos, flipándolo, viéndo todo a traves de su cámara y sintiendo cómo me iba emocionando a la vez. La novia también flipó... Le diría que sí porque acto seguido se abrazaron y se besaron y yo seguí haciendo fotos... Luego los felicité y me hice otra foto con ellos. Y se fueron. Y de lejos viene Horacio caminando y yo frita por contárselo. "Tía, esas cosas sólo te pasan a ti". Nos reímos mucho imaginando cuánto durarían aquellas fotos en su dormitorio de recién casados. Qué cosas.

Pero no nos imaginamos que yo pasaría por allí en coche unos cuantos años después, de camino a Davis, con un ardor de estómago provocado por el exceso de pimienta en el salami de mi bocadillo. Buff... la de vueltas que da la vida.